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Liderazgo de la Iglesia tiene que ser audaz Habla una activista Latina.
Por Marianne Arbogast
Pat Castillo, organizadora de San Antonio cuestiona la complicidad de las iglesias, junto con otras instituciones sociales, en la violencia contra la mujer.
Cuando trabajaba en un albergue contra la violencia doméstica en los años 80, Pat Castillo vio cómo los valores religiosos podían distorsionarse para forzar a la mujer a tolerar el abuso.
"Las mujeres citaban las escrituras que fueron usadas contra ellas ponían la otra mejilla, se sometían, perdonaban, " dice Castillo.
En su actual cargo como coordinadora de la iniciativa de PAZ (Poniéndole Fin al Abuso a Través de los Esfuerzos de la Comunidad) en San Antonio, Texas, Castillo ayudó a organizar un "diálogo de teólogos", con la esperanza de contrarrestar ese mensaje.
"Tuvimos un evento en la estación de televisión pública de la localidad e invitamos a 12 miembros clérigos a que vinieran e hicieran una reflexión teológica sobre las escrituras que con más frecuencia se citaban por los sobrevivientes en estas situaciones", recuerda ella. "Ellos representaban un amplio sector de iglesias en nuestra comunidad. Y hacían comentarios tales como "Estamos hablando un poco en tono de reproche, o estamos hablando realmente de un reclamo serio?" Alguien manifestó "Bueno, esa persona sí mantendrá la casa limpia?" Una sala llena de gente se puso de pié y empezaron a decir cosas como esa.
La experiencia era para abrir los ojos, dice Castillo, al revelar la complicidad de las iglesias, junto con otras instituciones sociales, en la violencia contra la mujer.
Aun cuando Castillo ha visto algunos cambios positivos en años recientes ella observa las audiencias sobre violencia doméstica que se llevan a cabo por parte del Comité sobre el Estado de la Mujer en la Iglesia Episcopal, y la participación de los seminaristas Católicos Romanos locales como bogas de la PAZ cree sin embargo que " la iglesia podría jugar un papel mucho más activo como educadora en relación con este tema. El liderazgo de la iglesia tiene que ser intrépido, desafiar a los miembros de la iglesia a que le pongan cuidado a este problema, a hablar del mismo, a dirigirse a los que lo sufren y a hacer lo que ellos puedan para cambiarlo.
"Me doy cuenta que esto desafía el status quo y esto desafía a la vez la estructura del poder," dice Castillo. "Esto clama por el respeto de los géneros en pié de igualdad. Nos encontramos aquí en el 2002 y creo que hay gran cantidad de gente que no está lista para eso."
Conformando una coalición de PAZ
El trabajo mismo de Castillo con la iniciativa de PAZ bajo los auspicios de una comunidad de mujeres Benedictinas en San Antonio parece un ejemplo esperanzador del papel que la iglesia podría jugar. Desde 1990, ella ha trabajado por construir una coalición de agencias comunitarias y personas preocupadas por la violencia doméstica. La coalición, que ahora agrupa a 52 miembros, se reúne mensualmente como una organización, y con más frecuencia lo hace en subgrupos, para desarrollar proyectos de la comunidad. "Nosotros llevamos a cabo educación comunitaria, programación sobre conocimiento de la comunidad y conferencias públicas", dice Castillo. "Organizamos marchas y manifestaciones, trabajamos con los medios de comunicación, trabajamos con la comunidad de las artes, trabajamos con la comunidad de homosexuales y lesbianas. Tenemos un pequeño subgrupo con el que colaboramos que trata sobre la violencia entre parejas de mayores".
Cuando la coalición comenzó, los participantes consideraban que el primer problema que necesitaban tratar era la deficiente respuesta del departamento de policía frente a las quejas por violencia doméstica.
"Había una increíble inactividad en términos de intervención, en términos de socorrer a las víctimas, en términos de hacerles rendir cuentas a los victimarios, en términos de conocimiento de las leyes. El departamento era muy inactivo y muy pegado a esa antigua actitud de "nuestras manos están atadas, no hay nada que podamos hacer, si esas mujeres no quieren presentar cargos, no nos vengan a llorar a nosotros".
A través de reuniones públicas, el trabajo con los medios de comunicación y el lobbying con el gobierno de la ciudad, la coalición pudo realizar un vuelco total en la actitud del departamento de policía. Hoy el departamento cuenta con fondos para una unidad de servicios a las víctimas enfocada a las necesidades de mujeres que han sufrido abusos.
87 llamadas cada 24 horas
Castillo está igualmente orgullosa del programa FACT (Family Assistance Crisis Teams) (Equipos de Asistencia a la Familia en Crisis), que ha dado entrenamiento a cerca de 1500 voluntarios de la comunidad para trabajar con las víctimas de la violencia doméstica.
"Ellos trabajan en las subestaciones de policía los Viernes y Sábados en la noche hasta las 2 de la mañana", explica ella. "Los funcionarios de la policía traen casos de violencia doméstica ante ellos, éstos los escuchan, les dan recursos, los reconfortan y los animan sobre cuáles decisiones van a tomar. Pero lo que más atrae es que estas personas terminan usando estas habilidades en cualquier parte que estén no sólo en sus turnos de los Viernes y Sábados en las noches así que cuando la gente viene a verlos en su trabajo, o sus vecinos acuden a ellos, o cuando alguna persona en el campo de la Pequeña Liga inicia una conversación, ellos saben qué decir y a dónde enviarlos.
Castillo labora constantemente para corregir las concepciones erradas acerca de la violencia doméstica. La gente raramente entiende lo penetrante que es, dice ella. "En San Antonio, por ejemplo, tenemos 1.6 millones de personas en nuestra ciudad, y nuestro departamento de policía responde alrededor de 87 llamadas cada 24 horas. Y si vamos con las estadísticas que el FBI nos da, que sólo uno de diez casos de violencia doméstica se reporta en la realidad, esto significa una enorme cantidad de violencia que ronda en nuestra comunidad, detrás de las puertas cerradas, de la cual la gente no se percata. Muchos de ellos lo conocen y no quieren hacer nada a ese respecto, tampoco".
También hay falsos conceptos sobre los recursos disponibles. "Es un mito creer que existe tanta ayuda que no hay razón para que una mujer se aguante más", dice Castillo. "Eso me enloquece porque simplemente no es verdad. Yo le digo a la gente aquí, si su departamento de policía está contestando 87 llamadas por día, dónde cree usted que se supone que va esa gente? Porque nuestra primera respuesta es que ellas tienen que irse correcto? ¿Dónde cree usted que van a ir en una ciudad de 1.6 millones de personas que tiene un solo refugio con 65 camas?
En su conferencia pública, Castillo también trata sobre las raíces de la violencia hacia la mujer.
Juegas como si fueses una niña!
"Me involucro en esa idea global de cómo socializamos a los varones en nuestra sociedad, y cuál es el puesto perfecto para este tipo de comportamiento para salir a la superficie y prosperar. Y qué tanto de lo que está detrás de todo eso es el temor del hombre a crecer como un homosexual. Yo desafío a mi audiencia acerca de su homofobia, y de cómo ellas enseñan a los hombres a odiar todo lo que sea femenino. Qué es lo que los preparadores le dicen a los muchachos en el campo de juego? "Estás jugando como si fueses una niña!" Nosotros le enseñamos a los niños pequeños que no se supone que ellos lloren, porque entonces son ridiculizados como nenas. No se supone que los chicos demuestren sufrimiento. Los enseñamos a cortar la mitad de lo que ellos son, su vida emocional entera. Entonces, cuando viene la emoción, usualmente se presenta en forma de agresión y violencia y brutalidad. Y entonces lo tomamos con un oh, bueno, muchachos son muchachos."
Las actitudes que llevan a un comportamiento abusivo se forman tempranamente, dice Castillo, citando experiencias con grupos escolares.
"Realmente me asusta escuchar lo que estos niños dicen", manifiesta ella. "He tenido chicos de sexto grado que me dicen que si sus novias no están de acuerdo con ellos, les van a pegar, porque las chicas necesitan que se les dé la lección." Desde una temprana edad, los niños están expuestos la concepción generalizada de la mujer como un objeto en el medio, dice ella.
"El sexismo de ver la mujer alrededor para que sirva al hombre, es una actitud que todavía se cuela en nuestra sociedad. La pornografía se encuentra por doquier. Tuve una vez la oportunidad de dictar un curso a niños muy pequeños, a niños de kinder y otros de primer grado. Comencé hablándoles sobre la violencia en la familia y aquellos niños empezaron a hablarme sobre el incesto, sobre la violación, sobre mujeres que bailan desnudas con cuerdas, sobre hombres que golpean a las mujeres sencillamente de todas las cosas horribles que usted pueda pensar que ningún niño debería saber. Sólo me quedé pensando, quién estará supervisando estos niños? Ellos se ponen en un cuarto y se les dice que vean televisión, sin ningún adulto para iniciarlos a tener conversaciones de análisis crítico acerca de lo que están viendo. Salí de esa escuela con lágrimas en los ojos, pensando para mí misma, dónde estamos nosotros como padres, como tutores, como gente a la que hay que imitar?
¿Queremos continuar sacrificando al hombre Latino en el sistema de justicia penal? Castillo, quien se desempeña en la junta de la Alianza Latina Nacional para la Eliminación de la Violencia Doméstica, dice que ese grupo está trabajando en lo que ella espera se traduzca en proyectos que traten la situación de hombres jóvenes en su propia comunidad que demuestren tener un comportamiento abusivo.
"Definitivamente, lo que sucede con el hombre Latino cuando termina bajo el sistema de justicia penal es que el sistema se lo come vivo. Así que nuestro desafío es, si queremos mantenernos sacrificando nuestros varones jóvenes bajo el sistema de justicia penal. Necesitamos hacer un alto y pensar sobre lo que este comportamiento les está haciendo. No con la noción que ellos necesitan que se les dé respiros y que necesitan que sean tolerados sin importar qué no en absoluto. Si no que estemos dispuestos a examinar lo que significa tratar con problemas de racismo y pobreza y clasismo y colonialismo que son tan opresivos y tan desbastadores. Y también a reconocer el hecho que muchos sobrevivientes van a continuar viviendo con estos victimarios. Nosotros hablamos sobre estos temas en las reuniones de nuestra junta los victimarios dejan las mujeres en estos grupos de apoyo. Y nosotros no queremos hacer reñir las familias y tener todos estos niños al cuidado del albergue, porque eso seguramente no opera. ¿Entonces qué es lo que vamos a hacer para ayudar a la gente a permanecer juntos de maneras que no sean destructivas?
Parte de la respuesta puede radicar en recuperar las tradiciones culturales que se han perdido o distorsionado, cree ella.
"Cuando usted piensa en la palabra "macho", usted lo que piensa son cosas negativas, cierto? En nuestra cultura, en Mexico, si usted fuera macho usted sería un nombre de palabra, un hombre que sería respetado por su esposa y sus hijos, un hombre que cumple con sus obligaciones, un hombre responsable, un hombre espiritual. La definición de esa palabra se volvió completamente distorsionada. No todas nuestras tradiciones son buenas y saludables, pero algunas de ellas eran buenas, algunas de ellas nos dieron enraizamiento y auto conocimiento de quiénes somos, y nuestra conexión con nuestra espiritualidad y nuestra tierra. Esas son las clases de cosas sobre las que estamos hablando, y estamos viendo cómo vamos a comenzar a traducir eso en trabajo con los varones, haciendo que los hombres sean modelos apropiados en sus papeles, en cambio del tipo borracho, fiestero, mujeriego, sexualmente promiscuo que los chicos están observando."
Un bloque a la vez
La iniciativa de PAZ recibió recientemente una ayuda de $192,000 para trabajar en un proyecto llamado "Un Bloque a la Vez".
"Es un modelo del que se ha hablado en algunos de los programas nacionales", dice Castillo. "Cómo podemos trabajar en este tema mediante asociaciones de vecinos, organizaciones activistas de la comunidad, comités en las iglesias, grupos de jóvenes, todos esos programas que tenemos allá? La gente de la vecindad está poniendo de presente el problema de la violencia familiar y cómo ello está afectando sus vecinos y sus tasas de criminalidad, de manera que ¿podemos nosotros encargarnos de este tema? Para dar un ejemplo, los Celulares en el programa de Patrullaje ellos son personas de la vecindad que tienen turnos manejando en los alrededores con un teléfono celular. No sería estupendo que estas personas vigilantes de la vecindad supieran de cada orden de protección que se expidiera en su vecindad? Y que supieran que ellos tienen que mantener una vigilancia especial en aquellas direcciones, y que llegaran a estos sobrevivientes y les dejaran saber, oigan, si nos necesitan aquí estamos. Y mirar esto no como si hubiese algo de lo que usted se apenara, sino que el hecho que usted tenga una orden de protección es tan significativo como si usted hubiese acabado de ser asaltado por ladrones."
A Castillo le gustaría que la gente "se sintiera tan cómoda hablando sobre la violencia en la familia en nuestra vecindad como lo estaría haciendo sobre una ley cualquiera, o los malos andenes o huecos en las calles, y salir con las ideas que ellos crean que pueden funcionar para eso".
Castillo, de 44 años, ha estado trabajando sobre violencia doméstica desde que ella visitó un refugio para mujeres golpeadas, cuando era una interna de trabajo social de tan solo 20 años. "Yo no podía aún creer que un lugar como ese tuviera que existir", dice ella. "Conocí algunas mujeres increíbles en ese sitio y he quedado aterrada de la resistencia de la mujer, de la fortaleza de la mujer, de su capacidad para vivir y amar y permanecer briosa ante su enfrentamiento de tan horrenda violencia." Ella puede identificarse con los desafíos a que se vieron expuestas las sobrevivientes de los abusos. "Yo soy una sobreviviente del abuso a los niños, soy una sobreviviente del incesto, soy una sobreviviente del abuso de substancias", dice ella. "Por muchas razones probablemente debí haber muerto, por muchas razones probablemente debí haber estado en prisión".
Educada como Católica Romana, Castillo había dejado la iglesia, pero fue introducida a la Iglesia Episcopal luego de conocer a Carmen Guerrero, que era entonces vicaria de una iglesia en San Antonio. Castillo, quien estaba trabajando con mujeres en prisión, invitó a Guerrero a que hiciera algunos talleres.
"Las escrituras se tornaron vivas en sus conversaciones con las mujeres, de una manera que las mujeres estaban totalmente abiertas y conectadas con las mismas", dice ella. "Había problemas, porque sólo podíamos tener 60 mujeres en una sesión, y todas sabían sobre ella y cómo les hablaba en sus clases. Se mantenían golpeando la puerta para asistir a sus sesiones, y teníamos que inventarnos formas para hacer que la gente respetara su turno. Y yo no era diferente".
Castillo dice que se siente orgullosa del trabajo que ha hecho la Iglesia Episcopal para tratar los problemas de violencia contra la mujer.
"Fui muy privilegiada de haber trabajado con el Comité sobre el Estado de la Mujer en la Iglesia Episcopal, para poner de presente estos problemas y desafiar la estructura de nuestra iglesia para tratarlos", dice ella. "El trabajo tiene que continuar, porque tenemos un largo camino por recorrer".
Mariane Arbogast es Editora Asociada de The Witness. Ella co-administra una cocina de caridad para Trabajadores Católicos en Detroit.