El calentamiento del globo y la polÌtica de negación
Por Camille Colatosti

¡Esta reunión ser. recordada como el momento en que los gobiernos abandonaron la promesa de cooperación mundial para proteger el planeta tierraî dice una frase de prensa emitida por la organización internacional del medio ambiente Greenpeace al cierre de la Sexta Conferencia de los Partidos en la Convención del Marco de Trabajo de las Naciones Unidas sobre el Cambio del Clima, llevada a cabo en La Haya el pasado Noviembre. La conferencia reunió representantes de m.s de 160 naciones para tratar los detalles del Protocolo de Kyoto.

Elaborado en 1997, el protocolo fija modestas metas para reducir las emisiones de carbono, y con ello disminuir la rata de calentamiento global. El acuerdo convoca a Estados Unidos a rebajar sus emisiones al 7 por ciento por debajo de los niveles de 1990 para el aÒo 2012; otras 40 naciones industrializadas necesitarÌan rebajar sus emisiones en un promedio de 5.5 por debajo de los niveles de 1990. Representando el 5 por ciento de la población mundial, los Estados Unidos tienen la responsabilidad por emitir de 25 a 30 por ciento de los gases de invernadero del mundo.

Muchos compartieron la decepción experimentada por Greenpeace. La conferencia de La Haya fue una falla. No se llegó a ningún acuerdo nuevo. No se concretó ningún mecanismo para poner en vigencia. Bill McKibben, un amigo del Centro para el Estudio de Valores en la Vida Pública en Harvard Divinity School, asistió a la conferencia de La Haya y enviaba informes diarios de su desarrollo a ìGristmagazineî, un diario en lÌnea con un piÈ de p.gina que dice ìun faro en la nieblaî. Como Èl lo explica, un acuerdo en el Protocolo de Kyoto indicaba que el mundo iba a tener un cambio clim.tico ìlo suficientemente serio para que acordemos ceder la autonomÌa absoluta sobre nuestra economÌa ñno a una agencia clientelista como la Organización Mundial de Comercio que simplemente ofrece una manera f.cil de expandir nuestro poder, sino a un rÈgimen verdaderamente internacional que fije lÌmites especÌficos sobre quÈ podemos y quÈ no podemos hacerî.

ìLa ciencia,î dice Ross Gelbspan, autor de The Heat Is On: the Climate Crisis, the Cover-Up, the Prescription (Perseus 1998), ìno es ambigua: La estabilización del clima de la tierra requiere que se reduzcan las emisiones cerca del 70 por ciento. Con nuestro petróleo y carbón quem.ndose y las emisiones de carbono resultantes yendo a la atmósfera, hemos calentado la profundidad de los ocÈanos. Hemos alterado el ciclo de las estaciones. Hemos sobrecargado nuestra atmósfera con concentraciones de carbono que no se habÌan visto en los últimos 40,000 aÒos y dimos origen a una ola de clima violento y caótico.î

Un informe emitido por el Panel sobre el Cambio del Clima patrocinado por los gobiernos de las Naciones Unidas el pasado Enero, predice que las temperaturas del globo est.n aumentando a una rata m.s r.pida que lo que se creÌa anteriormente. Hace cinco aÒos, los cientÌficos del panel (hay cientos de ellos) predijeron un aumento de 1.8 a 6.3 grados Fahrenheit a finales del siglo veinte. El panel predice ahora que las temperaturas aumentar.n algo asÌ como 2.7 a 10.8 grados para el 2100. Como explica Gelbspan, ìsi el extremo m.ximo de esta predicción realmente llegara a suceder, nuestro planeta quedar. transformado en algo casi irreconocible ñ ser. aún m.s caliente que cuando los dinosaurios vagaban aún en la tierraî.

Reto de la humanidad

El informe del panel de las Naciones Unidas sobre el Cambio de Clima hace Ènfasis que el calentamiento del globo es el resultado del comportamiento de los seres humanos. El reto implÌcito es claro: Al igual que tenemos la capacidad para calentar el planeta, tambiÈn tenemos la capacidad para reformar nuestras pr.cticas de producción y restablecer el globo.

Para Gelbspan, ìLa oportunidad que conlleva la crisis clim.tica no tiene precedentesî.

De igual forma McKibben reconoce el reto que hay por delante, pero Èl cuestiona la voluntad de la humanidad para cumplirlo. En su sobresaliente libro The End of Nature (Random House 1989), uno de los primeros libros sobre el calentamiento del globo escrito para una audiencia general, McKibben lamentó que ìla naturaleza como un sistema de biologÌa independiente de la influencia del hombre ya no existe. Nos hemos entrometido irracionalmente en el mismo sistema que nos sostiene sin haber conocido cómo trabajaî. Y la falla de la conferencia de La Haya, dice McKibben, representa una ìfalla de todos los intentos no muy ambiciosos de hacer algo acerca de estoî. McKibben tambiÈn es claro acerca de quiÈn ha fallado m.s: La conferencia que ìfracasó por la falta de voluntad de los americanos de hacer algo de forma intencionadaî dice Èl.

Los paÌses europeos vinieron a la conferencia preparados con planes reales para reducir las emisiones de gas de invernadero. De hecho, muchos paÌses europeos se han comprometido a hacer grandes reducciones a pesar del fracaso del Protocolo de Kyoto. Holanda, por ejemplo, tiene planes de cortar emisiones en 80 por ciento en los siguientes 40 aÒos. Alemania tiene programado reducir los gases de invernadero en 50 por ciento e Inglaterra se ha comprometido a hacer reducciones del 60 por ciento para el 2050.

Los Estados Unidos, de otra parte, no han hecho compromiso alguno para reducir los gases de invernadero.

Según McKibben, ìLos Estados Unidos gastaron los últimos 10 aÒos buscando agujeros o compuertas de escape mayores y realmente no las hayî. El ejemplo m.s reciente es una propuesta de Estados Unidos en La Haya que le permitiera contar los vastos bosques que tiene el paÌs frente a nuestros compromisos en Kyoto de reducir las emisiones. ìPara los polÌticosî, dice McKibben, ìnada puede ser m.s maravilloso ñ se les podrÌa ver haciendo algo por el problema clim.tico del mundo sin tener que realmente hacer nadaî.

Mark Hertsgaard, autor de Earth Odyssey; Around the World in Search of Our Environmental Future (Odisea la Tierra: Alrededor del Mundo en Busca de Nuestro Futuro Ambiental) (Broadway Books, 1998), est. de acuerdo. ìEste es un agujero por el cual podrÌa pasar Exxon Valdezî, dice Èl. No sólo es difÌcil, sino imposible, medir la cantidad de dióxido de carbono que absorbe un bosque, tambiÈn es verdad, dice Hertsgaard, que si los bosques cumplen esta función, ìest.n actuando ya como sumideros de carbono y esto no nos est. acercando a donde necesitamos estar. Tenemos que cortar estos gases en 50 a 70 por ciento y los Estados Unidos han rehusado a hacerlo aún en el 5 a 7 por ciento que exige Kyoto. Los Estados Unidos no est.n listos para admitir que tenemos que reducir el uso de la energÌaî.

øPor quÈ los Estados Unidos no afrontan los hechos?

La renuencia de los Estados Unidos a actuar, especialmente cuando las predicciones para el futuro son tan graves, puede parecer confusa. Los expertos ofrecen una variedad de explicaciones, desde lo que McKibben llama ìla adicción de los americanos al combustible fósil baratoî, pasando por los esfuerzos permanentes y consistentes del lobby del combustible fósil para reducir al mÌnimo los peligros del calentamiento del globo, hasta la falta de un partido que promueva el Verde o un medio ambiente viable en el escenario nacional.

McKibben argumenta que los americanos consideran esto como ìun derecho constitucional de tener un galón de gasolina de $1 y nos enfurecemos cuando no lo tenemos. Pero mantener los precios artificialmente bajos, a $1 el galón, no envÌa una seÒal de cómo debemos conservarnos ni obliga al desarrollo de nuevas tecnologÌas. Los europeos pagan el precio real de la gasolina -$4 - $5 por galón. Quiz.s por eso es que est.n m.s dispuestos a buscar alternativas.î

McKibben explica que, aunque es imposible poner un precio a la desestabilización del sistema clim.tico de la tierra, sÌ es posible calcular los costos de las lÌneas de protección al Golfo PÈrsico, el cuidado de la salud humana, los descuentos y subsidios por agotamiento del petróleo. ìA $4 - $5 por galónî, dice Èl, ìla gente no comprarÌa Ford Explorersî.

ìHemos sido perezosos. Hace diez aÒos, el problema era nuevo y no sabÌamos mucho acerca de Èl. Ahora, no hay duda cientÌfica acerca del calentamiento del globo. Pero en la misma dÈcada, la economÌa de Estados Unidos tuvo un gran auge y los americanos se dedicaron al despilfarro, comprando carros y casas m.s grandes. La idolatrÌa del crecimiento económico ha hecho imposible que se aboquen los problemas ambientales. En un mundo racional, el hecho que los cientÌficos estuvieran hablando de cambios que transformarÌan el planeta debió enfocar la atención de todos sobre el problema y esto no se ha conseguido.î

Reconociendo la inmensa cantidad de dinero y la influencia que se han usado para desviar la atención del público en los Estados Unidos acerca del calentamiento del globo, McKibben agrega, ìExisten siempre poderosos intereses que no quieren el progreso ñlos que no querÌan las leyes sobre derechos civiles y la igualdad de las mujeres. Ninguno de ellos nos quita la responsabilidad a nosotros.î

Pero la campaÒa de desinformación ha sido fuerte y bien fundada. Ross Gelbspan ha examinado en detalle el lobby del papel que juega el combustible fósil, la industria pesada y la automotriz para reducir al mÌnimo los problemas que afrontamos. îEl Global Climate Coalition ñun grupo de lobby que representa los intereses del combustible fósil, la industria pesada y automotriz- ha gastado m.s de $63 millones para combatir cualquier progreso que estÈ dirigido a tratar la crisis clim.tica, incluyendo una campaÒa publicitaria de $13 millones en 1997 para apoyar una resolución del Senado contra la ratificación del Protocolo de Kyotoî, dice Gelbspan.

Otra organización que se encuentra trabajando activamente para influir en la opinión pública a su favor es Western Fuels Association, una cooperativa carbonÌfera de $400 millones. Como explica Gelbspan, ìWestern Fuels ha sido muy c.ndida con su ataque a la ciencia tradicionalista. En un informe anual, declaró: ìHa habido un impulso casi universal en la comunidad de comercio asociativo [combustible fósil] en Washington para que se conceda la premisa cientÌfica del calentamiento del globoÖ aunque se discute sobre las prescripciones de la polÌtica que crearÌan menos sobresaltos a nuestra economÌa. Hemos disentido y no estamos de acuerdo con esta estrategia. Como resultado, Western Fuels ha desatado una guerra incesante contra la ciencia tradicionalista durante los últimos ocho aÒos.1 2

Adem.s, aÒade Gelbspan, ìel Instituto George C. Marshall, un instituto polÌticamente conservador en extremo, sostiene que la crisis del clima es b.sicamente un complot liberal para desordenar la economÌa de los Estados Unidos.

ìManteniendo la discusión enfocada sobre si existe o no un problema, el lobby del combustible fósil ha impedido efectivamente la discusión en Estados Unidos sobre quÈ hacer acerca de Èsteî.

Muy importante tambiÈn es que, aunque los que hacen polÌtica en Estados Unidos sienten que la poderosa presión económica y polÌtica del lobby del combustible fósil para que no se apruebe la legislación limitando las emisiones, ellos consideran que no hay la presión correspondiente a favor de tal legislación, como deberÌa hacerse si ellos vivieran en Europa.

En la edición de Enero/Febrero de 2000 de Dollars and Sense, David Levy, un asociado de la revista que enseÒa administración en la Universidad de Massachusetts en Boston, sugiere que ìel cambio en Europa puede entenderse mayormente como una respuesta a las presiones sociales y polÌticasî.

En particular, el Partido Verde en Francia y Alemania ayudó a empujar a esos paÌses hacia la izquierda, llev.ndolos a rechazar los esfuerzos de los Estados Unidos en la conferencia de La Haya para llegar a un acuerdo. Probablemente no sea una coincidencia que, tanto en Francia como en Alemania, el ministro del medio ambiente sea miembro de los Verdes. En varias otras naciones europeas, los Verdes se desempeÒan en gobiernos de coalición, impulsando a los que hacen polÌtica para que le den una consideración real al medio ambiente. Paul Hawken, economista y co-autor de Natural Capitalism: Creating the Next Industrial Revolution (Capitalismo Natural: Creando la Siguiente Revolución Industrial) (Little, Brown and Company 1999), cree que la razón que el Partido Verde en los Estados Unidos lo hizo tan bien como lo mostró en la última elección presidencial es debido a que ìla gente se alimenta con ambos lados del pasillo. Gore y Clinton tenÌan una gran relación con las compaÒÌas.î

Una nueva revolución industrial?

A pesar de la falla de la conferencia de La Haya, hay signos de que varios representantes de la industria pesada por lo menos se est.n apartando de los esfuerzos para negar la ciencia del cambio del clima.

En 1999 y 2000, British Petroleum, Shell, Ford, Daimler-Chrysler, Texaco, The Southern Company y General Motors salieron todas de la Global Climate Coalition, el principal grupo de cabildeo que se opone a la acción sobre el calentamiento global. Las compaÒÌas automotrices tambiÈn est.n desarrollando tecnologÌas alternativas. Toyota lanzó el Prius, un carro con un motor hÌbrido movido por electricidad y gas en Japón en 1998 y en Estados Unidos en el 2000. Honda lanzó su propio hÌbrido, el Insight, en Diciembre de 1999. Mazda, Ford y Daimler-Chrysler est.n trabajando conjuntamente para producir carros movidos por pila de combustible para el 2003. La nueva publicidad de British Petroleum muestran a BP como alguien que est. ìM.s all. del Petroleoî. Como Gelbspan explica, ìBP tiene presupuestado ahora hacer $1 billón en un aÒo en el comercio de energÌa solar en esta dÈcada, y Shell est. invirtiendo $500 millones en tecnologÌas renovables.î

De por sÌ, estos esfuerzos pueden no ser suficientes. Pero ellos pueden indicar el comienzo de un cambio en la visión del mundo, uno en que la labor ya no es vista como el factor limitante de la producción. Como lo explica el economista Hawken en el Capitalismo Natural, en los recursos naturales del mundo de hoy y los sistemas ecológicos que ellos sostienen es lo que escasea. PoniÈndose a tono con este hecho, Èl cree, que puede conducir a una nueva revolución industrial en la cual el Ènfasis sobre la capacidad de sostenimiento puede llevar a la comunidad de negocios a ìhacerlo bien haciendo el bienî. Actualmente, explica Hawken, ìlos recursos naturales ñincluyendo el aire, el mar y los peces- son tratados como gratis y sin valor a menos que sean perforados, excavados, o explotadosî. Esta visión, cree Èl, cambiar. inevitablemente. ìEstamos viviendo en un tiempo donde el capital natural se est. agotando r.pidamente y est. emergiendo ahora como un factor limitante a la prosperidad. La siguiente revolución industrial trata de cómo hacer mejores seres humanos de lo que son ahora ñ80 por ciento de las necesidades del mundo sean mejor satisfechas preservando al mismo tiempo la naturaleza.î

Para Hawken, los sistemas de vida necesitan tomar el centro de atención. El recomienda con ahÌnco procesos industriales donde los recursos naturales sean m.s productivos. ìSi usted hace que algo sea m.s productivoî, explica Èl, ìusted necesitar. menos de esoî.

Camille Colatosti es escritora de planta de The Witness.